miércoles, 23 de julio de 2008

Karadzic me rejuvenece

Fue la primera guerra que viví como periodista, cuando tenía poco más de 20 años. Dicho así, parece que estuve en Bosnia, pero no. Quiero decir que, como apasionado de las relaciones internacionales, me empapé de aquel conflicto balcánico y, en el informativo radiofónico en el que trabajaba, se me asignó su seguimiento y la relación con el "corresponsal en la zona", un señor argentino muy simpático que vivía en Varsovia y transmitía desde allí sus crónicas, fusilando sin pudor los teletipos de la Agencia EFE, alguno de cuyos reporteros, probablemente, sí las estaba pasando putas en Sarajevo o un sitio peor. Vamos, como si hubiera un atentado de ETA en Madrid y el periodista encargado de informar de ello estuviera en Roma, "en la zona". Un compañero, ya en sus treinta, se ofreció para desplazarse a la capital bosnia, pero la empresa alegó falta de fondos, y eso que en aquellos tiempos era la número uno en audiencia y sí destinaba ingentes cantidades de dinero a algunas divas cuya cobertura del crimen de Alcáser ha pasado a los anales del amarillismo más repugnante.

El caso es que todo mi odio por lo que estaba sucediendo se concentró en el hijo de la gran puta de Radovan Karadzic, cuya reciente detención me ha quitado quince años de encima. "Gracias" a él aprendí que eso de que en las guerras no hay buenos ni malos es relativo. Que entre el francotirador serbio que le vuela la cabeza a un niño y éste hay ciertos matices. Que entre los milicianos que violan en grupo a una mujer y ésta también la hay. Que los bastardos que sacan de una ciudad a todos sus habitantes varones y les pegan un tiro en la cabeza son diferentes a sus víctimas. ¿Y quién estaba detrás de todo ello? Karadzic, al que los europeos dejamos hacer durante tanto tiempo porque lo suyo era "un asunto interno". Y, una vez más, tuvieron que venir los americamos con sus aviones, cogernos de la manita y arreglarnos el marrón.

Karadzic, te deseo lo peor. Que escapes y te pille una panda de mafiosos bosnios con familiares muertos en Srebrenica. Que te sodomicen, te peguen dos tiros y te dejen agonizando colgado de un árbol. Entre otras cosas, por haberme hecho así. Y porque lo de La Haya es una mariconada y, a lo sumo, te condenarán a cadena perpetua, dándote la posibilidad de un suicidio dulce que no te mereces.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Y el muy capullo encima estaba de médico naturista, dando conferencias y escribiendo en una revista; vamos, que con todo lo que se le veía, aún con barba y moño, antes le tenían que haber pillado- Y la lástima ha sido ésa, que haya sido detenido, y no encontrado por algún familiar de sus víctimas..., pero bueno, no todo puede ser perfecto
FELICES VACACIONES
Nikita

Princesa Viejuna dijo...

Todo lo que han hecho bestezuelas como aquí el amigo nos ha marcado.

Yo personalmente creo que perdí mucha inocencia con éste y otros seres. Nada comparable con los que lo sufrieron de primera mano, claro está; pero nadie me la podrá devolver.

askerrit dijo...

Que envejezca y muera siendo el último recluso, como Hess en Spandau.
Cualquier genocida puede pasar por médico naturista… ¿cómo se llamaba el que se bebía su propia orina? Txumari Alfaro, ¿no?

IVAN REGUERA dijo...

Prefiero la opción Eichman en Israel: colgarlo.

Tarquin Winot dijo...

Lo que no entiendo es cómo han sido capaces de localizarlo, porque, el joputa se había currado un disfraz de Valle Inclan muy logrado.

Que lo disfrute en la cárcel, junto con el de presidiario y el de sodomita pasivo.