viernes, 4 de julio de 2008

Colas en exposiciones

Por la entrada anterior me he acordado del grabado “Melancolía” (arriba a la izquierda) de Durero, probablemente el mejor dibujante de la historia. Lo vi en el Museo Thyssen, donde se exponía el año pasado dentro de la muestra “Durero y Cranach”. A las colas para entrar se añadían las que se formaban delante de esa obra, una de las más emblemáticas de su autor por las diferentes interpretaciones que suscita. Ocurría que, por las mismas fechas, la Biblioteca Nacional albergaba otra exposición, “Biblioteca Hispánica: obras maestras de la Biblioteca Nacional de España”, que incluía -oh, casualidad- el mismo grabado, aunque sin colas para apreciarlo ni para acceder al lugar.

¿La diferencia? Que “Durero y Cranach” se había publicitado a bombo y platillo y a los tesoros de la Biblioteca no les había hecho caso ni Dios. Y eso que allí estaban los manuscritos o las primeras ediciones de todos esos libros que los españolitos estudian alguna vez en su vida (o estudiaban, que vete a saber tú ahora lo que han perpetrado con la educación entre PP, PSOE y nacionalistas varios): el “Beato de Liébana”, las “Cantigas de Alfonso X”, el “Mío Cid”, el Quijote, el “Libro del buen amor”, la Constitución de Cádiz... Entre ellos, los dos únicos ejemplares escritos por Leonardo de su puño y letra que hay en España y -porque la Biblioteca Nacional no sólo atesora libros- uno de los escasos cinco o seis dibujos que se conservan de Velázquez (arriba a la derecha).

En plena efervescencia davinciniana, dado el éxito de la novela de Dan Brown, sólo con se hubiera montado una exposición para dar a conocer los dos libros citados y se hubiera informado de ella machaconamente, las colas habrían llegado a Quinto Coño Street. Pero ya se sabe que mucha, muchísima gente, acude a exposiciones no porque le interesen las piezas que las componen sino porque hay que ir a verlas. Porque se lo han dicho en la tele, porque las han inaugurado los Reyes o porque, si se forman tantas colas, por algo será... Aún recuerdo el barullo tras la ampliación del Prado, a rebosar de jubilados que, aprovechando la gratuidad del evento, dedicaban en torno a una décima de segundo a cada cuadro y, como gritó alguno de ellos, iban buscando “las puertas esas donde salía Zapatero el otro día”.

Hace años, Umberto Eco publicó un artículo en el que pedía reproducciones exactas de las grandes obras artísticas de la humanidad para desviar hacia ellas a estos “intelectuales de ocasión” que van a hacerse la foto y poco más. Creo recordar que proponía un Partenón de cartón-piedra a las afueras de Atenas, una Galería de los Uffizi de pega en los alrededores de Florencia y una copia de la Mona Lisa fuera del Louvre. Así el Partenón, la Galería y la Gioconda originales quedarían más despejados para quienes verdaderamente supieran apreciarlos. La cuestión es: ¿cómo distinguirlos? ¿Se les hace un examen de Historia del Arte? Más aún: ¿debe recuperar el arte su condición elitista? ¿Hay que encarecer las entradas a museos y exposiciones, como proponen algunos, para que los precios actúen como filtro? ¿Acaso no tiene derecho todo el mundo a ir y pasearse por donde le salga de los giocondos? ¿Quién es nadie para proclamarse más capaz de disfrutar de la pintura que otros?

10 comentarios:

IVAN REGUERA dijo...

“El visitante de un museo a menudo no está interesado en comprender un ideal de belleza. Simplemente acude al museo porque los medios de comunicación le han convencido. En nuestros días, para mucha gente, la tolerancia significa indiferencia”. (Umberto Eco)

mony penny dijo...

Hoy venía en el periódico que en una exposición de Picasso en el Reina Sofía colgaron un cuadro al revés...
Buen fin de semana Otis y no te preocupes que yo te mantengo al día de los avances de Guarrona.

Otis Driftwood dijo...

Eres el puto amo de los buscadores, Reguera. Qué habilidad...

Gracias, Mony. Y nadie se dio cuenta, supongo. Picasso, el más claro ejemplo de un artista valorado porque nos han dicho que hay que valorarlo.

especies dijo...

Hola, Otis:

Todas esas ciudades son ya un parque de atracciones en sí, toda Europa en realidad. Pasa lo mismo con los mercados (la Boquería es un museo). Es un coñazo, pero es lo que hay. No hay manera de establecer un filtro. Yo no creo que debieran subir los precios. Precisamente la mejor manera de ver un museo es a lo largo de varios días, un poco por casualidad ("ya que estoy en Atocha sin saber muy bien qué hacer me voy a acercar al Museo del Prado y veo Goya", por ejemplo). El único filtro debería ser la propia inhibición de los visitantes, que deberían entender que no tiene ningún sentido ver "El Jardín de las Delicias" con cuarenta y ocho personas alrededor (como si el cuadro fuera un espejo), y en consecuencia desistir. Y a lo mejor, como tú has dicho, acercarse a un musero menos famoso pero en el que la soledad de las salas nos permita observar con tranquilidad lo expuesto, aunque no sean las más famosas obras maestras que salen en todos los catálogos de las agencias de viajes.

Tarquin Winot dijo...

Menuda sandez. No parece que al amigo Umberto le importara mucho el intelecto de los compradores de sus libros cuando se forró la patilla con "El nombre de la rosa" o "El péndulo de Foucalt".

Y, digo yo, ¿qué importará la razón para acceder al arte? Volvemos a quedarnos en la anécdota y de ahí no pasamos. Dentro de los "intelectuales" los hay más o menos formados. ¿Pueden todos acceder a todo o también habrá filtros? Y en caso de haberlos, ¿quién los fija?

Otis Driftwood dijo...

Dímelo a mí, Especies, que con el carnet de prensa entro en el Prado y el Thyssen por la patilla. Además, siempre hay horas en las que hasta las exposiciones más proclives a masificarse están vacías.

Tarquin, gran apunte sobre Eco y sus "best sellers" para todos los públicos.

IVAN REGUERA dijo...

Otis: Busqué en mi inédito librito 'EL ÚLTIMO SUSPIRO DEL CINE' porque es una de las citas que lo componen.

askerrit dijo...

Sólo una décima parte de la gente que mira un cuadro lo comprende, su significado, la composición y el puto curro que suponía en aquellos tiempos hacer algo semejante… lo adornan con un -"que bonito, me lo pondría en una camiseta"–… ¿Qué le vamos a hacer?, Umberto Eco será lo que será pero es un pedante de cojones, porque los que mantienen los museos con sus visitas (Otis no, que no paga) son la gente que en el fondo quiere ver las escaleras donde estuvo Zapatero orinando antes de la recepción, y no los culturetas, que no vamos porque ya nos lo sabemos de memoria.

Recuerdo ese capítulo de los Monty Phyton en que el hijo, minero de profesión, les echa en cara a sus padres el tiempo que han perdido leyendo a los clásicos, estudiando y acudiendo a tertulias literarias…

Otis Driftwood dijo...

Eh, eh, no irás tú. Yo intento pasarme por el Prado al menos una vez al mes. Hay que estar vigilantes, que, en un descuido, el PP privatiza "Las meninas" o el PSOE se las cede al ayuntamiento de Bermeo porque resulta que la prima segunda de la abuela de Maribárbola era antepasada de Ibarreche (de ahí su retraso físico y mental). Vale, entro gratis, pero no puede ser de otra forma para alguien señalado con una misión.

askerrit dijo...

Y yo que creía que era un hijo bastardo del señor Spock… Eusko-Vulcaniano!